jueves, 11 de septiembre de 2008

Edad Moderna y Contemporánea: La historia de los Vencedores.

Por Franco Giordano.

“La historia la escriben los vencedores”; esta es una frase recurrente de las personas que han tenido algo de instrucción respecto a la lógica de la historia y creo en cierta medida que no está lejos de ser verdad, pero; esconde una característica que es aun peor que la misma afirmación; nos deja como sujetos desheredados, al margen de lo “oficial”, con el pesimismo de oposición ante la visión escrita y con la inacción como idea central. Ya desde los llamados “inicios” de la Historia; Herodoto abre su testimonio distinguiendo entre griegos y bárbaros, entre griegos y todos los demás, el positivismo decimonónico marcó la exacerbación de “civilización” y “barbarie”. Esto se nota en la interpretación de los hechos por los historiadores que según su tiempo; reescriben la historia; ahora bien, centraré este ensayo en un hecho establecido por la historia oficial que ejemplifica esto; la división entre la historia moderna y la historia contemporánea. En este sentido la pregunta que espero responder es ¿Cuál es el fin de la periodificación europea en la historia universal?.

Hipotéticamente creo que es el de dar un sentido “civilizador” y evolutivo a la existencia del ser humano, entregando por extensión modelos de comportamiento colectivo. De esta manera contraponemos dos visiones encontradas al respecto: la de quienes están a favor de esta periodificación oficial y de quienes se mantienen como detractores de ese oficialismo.

Para David Thomson la situación es clara: la historia debe ser de hechos, rechazando así la interpretación historiográfica y basa esto en dos supuestos: la historia mundial debe preocuparse de “aquellos cambios, de aquellos hombres e ideas que revistan de importancia (…)”[1] y la convicción de que “el historiador mundial no debe perder tierra (…)”[2]. Analizando la primera idea podemos suponer que “los hombres que revistan de importancia” no son de por sí sujetos populares, pues esta imagen se asemeja a la vieja escuela ‘evolucionista’ de August Comte, por otra parte; el mismo autor nos entrega un detalle clave: para él, nace la historia contemporánea con un hecho que distingue de la historia moderna; entre 1914 y 1950 los países poseen más acceso entre sí y con esto reconoce el rasgo más clarificador; “la historia reciente es la expansión del poderío e influencia europea por todo el mundo y las diversas consecuencias de este hecho”.[3]

Esta versión que a pesar de evidenciar nuestra hipótesis justifica en cierta medida la historia de los “hombres de importancia” europeos se contrapone a la idea detractora del italiano Armando Saitta, quien crítica esa percepción de edad contemporánea dentro del concepto de modernidad pues, para él “no es nada fácil trazar una línea de demarcación entre la historia moderna y la contemporánea”[4] y cree que no hay un hecho claro que pueda ponerse como suceso que defina el cambio, para él esto es solo una ilusión y es allí donde debe entrar en escena la interpretación historiográfica dando respuestas al proceso en cada nacionalidad, por sobre la historia mundial de Thomson. En este sentido Saitta es mucho más claro al preguntarse “¿debo utilizar métodos, criterios, escalas de juicios distintos de los que utilizaba para estudiar el mundo en 1931?”[5]. su respuesta es definitoria, “evidentemente, no; y eso es mas que suficiente para hacernos comprender que la distinción entre ‘historia moderna’ e ‘historia contemporánea’ es de orden práctico, no científico.”[6]

Estas diferencias tienen un inicio crucial que los diferencia, el método. Mientras que para Thomson la historia mundial debe tratarse de “hechos” en que los historiadores no deben perder tierra, Saitta asegura que la historiografía basada en los testimonios colectivos tiene vital importancia: “las tradiciones orales tienen sobre las fuentes escritas la ventaja capital de provenir de los pueblos, de los cuales se trata de hacer historia”[7]. Este detalle da luz a este ensayo. La historia mundial entendida desde los ojos de la diferenciación entre edad moderna y edad contemporánea tiene un fin europeizador y excluyente.

Para concluir debemos dejar en claro que la periodificación histórica impuesta desde el viejo continente pareciera basarse en un evolucionismo ciego que además de tener como centro la historia europea, es excluyente de los otros continentes y colectividades. Desde esta tribuna concordamos con Armando Saitta cuando le da la misma importancia a las sociedades africanas y a las europeas al decir que a pesar de que la primera no tenga fuentes escritas como las europeas también posee una tradición oral y esto debe ser considerado a la hora de producir historiografía. Esa periodificación no tiene otro fin que el práctico pero hay que tener cuidado pues relaciona la evolución con la historia y masifica un sentido positivista de “civilización” europea contra la “barbarie” de las colectividades sin tradición escrita, o mejor dicho aun; de los aparentes vencidos por la historia oficialista.


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[1] Thomson, David. Historia Mundial desde 1914 hasta 1950. Fondo de Cultura Económica, México. Pág. 7
[2] Ibíd.
[3] Ibíd. Pág. 10
[4] Saitta, Armando. Guía Crítica de la Historia Contemporánea. Fondo de Cultura Económica, México 1989. Pág. 7
[5] Ibíd. Pág. 10
[6] Saitta, Armando. Op cit. Pág 10
[7] Ibíd. Pág 23